_¿No fuiste a Piero? _Me inquirió mi vecino, con asombro.
_No _Contesté con normalidad y franqueza.
_¿Te gusta la Pizza de molde y no conoces la Pizza de Piero? _Continuó mi vecino con la inquisitoria.
_ No _respondí ya con algo de vergüenza.
Mi vecino volvió a la carga _¿Te gusta la Pizza de molde, tenés un blog sobre Pizzas y no conocés las Pizzas de Piero?
Me mantuve en mis trece. Mi vecino se levantó de la silla dónde se hallaba para mirarme a los ojos. La peregrina idea llamar a mi abogada se me pasó fugazmente por mi cerebro. Con su mirada clavada en la mía, mi vecino me ordenó amablemente
_ Tenés que probar las Pizzas de Piero. _El "no seas gil, no pierdas tiempo", estaba de más.
Asentí con la cabeza. Ensayé una explicación inventada del por qué no conocía Piero y me retiré del negocio a dónde había ido a sacar unas fotocopias. Mientras volvía a mi casa, pensaba: o tengo que Salir de Pizzas más seguido o tengo que aumentar mi dosis de hipocresía...



